El aumento del tráfico, los congestionamientos y la contaminación son preocupaciones clave para los habitantes de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sede del Mundial FIFA 2026. Un reciente sondeo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) revela que, aunque el evento promete beneficios económicos, los ciudadanos sienten que estos no impactarán de manera equitativa en sus comunidades.
La encuesta, realizada por el Instituto de Geografía de la UNAM y la Universitat de les Illes Balears, preguntó a 460 personas sobre sus percepciones acerca del Mundial. Los resultados indican desconfianza hacia las instituciones responsables de la organización, con inquietudes sobre la transparencia en el uso de recursos públicos y la corrupción. Muchos creen que los beneficios del torneo favorecerán más al sector privado que a la población local.
La investigadora Ilia Alvarado Rizzo subraya el potencial del Mundial para movilizar recursos y transformar ciudades, aunque la población se muestra escéptica sobre su capacidad para fortalecer la cohesión social. Casi la mitad de los encuestados dudan de que el evento fomente un sentido de unidad entre los ciudadanos.
Luis Alfonso Escudero Gómez, de la Universitat de les Illes Balears, señala que la expansión del torneo responde a intereses comerciales, aunque reconoce su poder de movilización emocional. Sin embargo, se advierte sobre una creciente mercantilización que podría desplazar el carácter popular del evento.
Álvaro López López, investigador de la UNAM, alerta que los megaeventos suelen agudizar las desigualdades urbanas, ya que la inversión se concentra en áreas estratégicas, dejando a otras comunidades atrás. Erick David García González agrega que las repercusiones sociales y ambientales del torneo, como el desplazamiento de aficionados y la generación de residuos, deben ser consideradas, ya que las comunidades cercanas a las sedes a menudo quedan en la sombra de este tipo de acontecimientos.
