Un nuevo debate sobre el entrenamiento físico se ha desatado, centrado en la efectividad del cardio frente a los ejercicios de fuerza para la pérdida de peso. Clínicas y expertos, incluido José Antonio Pérez Turpin, catedrático de ejercicio físico en la Universidad de Alicante, argumentan que priorizar los ejercicios de fuerza es fundamental para mejorar tanto la masa muscular como la salud cardiovascular, crucial para una vejez activa.
A pesar de la prevalencia del ejercicio aeróbico en las rutinas para la quema de grasa, los datos sugieren que la pérdida de peso atribuible solo al ejercicio es limitada, oscilando entre 1,5 y 3,5 kg. Diferentes estudios han mostrado que el ejercicio aeróbico puede inducir mayores pérdidas en comparación con el entrenamiento de fuerza aislado, aunque un meta-análisis señala que una combinación de ambos métodos es lo más eficaz para reducir la masa grasa.
Además, entrenar fuerza es esencial para preservar el tejido muscular durante el proceso de reducción de peso. Investigaciones han demostrado que individuos con sobrepeso que se someten a ejercicios de fuerza reducen menos masa y densidad ósea, incluso mientras pierden peso en general. Sin embargo, un mito común sobre el músculo y el metabolismo se ha desmoronado: el tejido muscular quema relativamente pocas calorías en reposo, lo que cuestiona la noción de que tener una alta masa muscular es indispensable para perder peso con efectividad.
Por otro lado, caminar también se revela como un ejercicio eficiente. Estudios recientes indican que para mayores de 60 años, el número óptimo de pasos para reducir la mortalidad se sitúa entre 6,000 y 8,000, con un descenso de hasta el 47% en comparación con aquellos que caminan solo 2,000 pasos. Si bien este dato se refiere más a la salud general que a la pérdida de peso específica, programas sencillos de caminata han demostrado ser efectivos, logrando una disminución promedio de 1,27 kg sin cambios en la dieta.
La discusión sobre las mejores prácticas para perder peso continúa, subrayando la importancia de un enfoque equilibrado que incluya tanto el ejercicio aeróbico como el de fuerza, junto con actividades cotidianas como caminar.
