Google ha presentado el mapa neuronal más detallado de un cerebro de Drosophila melanogaster, conocido como la mosca de la fruta, un avance que podría tener implicaciones significativas en la comprensión del sistema nervioso. La iniciativa, resultado de una colaboración entre el HHMI Janelia Research Campus y Google Research, combina millones de imágenes en dos dimensiones para crear una representación tridimensional del cerebro de este insecto, ofreciendo datos que podrían influir en diversos campos desde la investigación biomédica hasta la neurociencia.
Este innovador modelo, que incluye 166,000 neuronas, permite identificar áreas específicas del cerebro que procesan entradas sensoriales, aportando una nueva perspectiva sobre cómo funcionan los sistemas neuronales en organismos más simples en comparación con los cerebros humanos, que contienen alrededor de 85,000 millones de neuronas. Google ha comparado su enfoque a “laminar” secciones del cerebro, creando así un código fuente que podría ser utilizado en futuras investigaciones.
El ingeniero de software Alex Wormuth ha comenzado a explorar el uso de este mapa neuronal para enseñar a la mosca a jugar ‘Doom’. Mediante un software de código abierto, se busca estimular las neuronas sensoriales del modelo cerebral a través de los fotogramas del videojuego, generando acciones como moverse y disparar. Cada vez que la mosca recibe daño durante el juego, se envía un refuerzo a las neuronas responsables de la dopamina, emulando un sistema de recompensa que podría permitir que el modelo aprenda con el tiempo.
Este experimento, que permite visualizar a la mosca “jugando” en tiempo real, plantea preguntas intrigantes sobre la capacidad de aprendizaje de sistemas neuronales en organismos sencillos. Paralelamente, Jessica Paquette ha realizado un experimento similar, entrenando a la mosca en ‘Super Mario 64’, generando un interés no solo en la comunidad científica, sino también en el ámbito del entretenimiento.
Aunque estos proyectos no implican que estas moscas posean inteligencia o conciencia, sí representan una forma fascinante de validar el mapa cerebral de Google, permitiendo a los investigadores observar patrones de comportamiento emergentes en respuesta a estímulos visuales. La meta de lograr un mapeo tan detallado del cerebro humano sigue distante, sin embargo, el futuro de estas investigaciones podría abrir nuevas vías en el entendimiento de la cognición y el aprendizaje.
