La situación en el estrecho de Ormuz afecta directamente a Irán y a los países ribereños, dado que es una vía estratégica para el transporte de crudo, y aumenta la tensión política y económica en la región. El embajador iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, afirmó que Irán no cerrará el paso, pese a que el líder supremo ordenó que permaneciera bloqueado.
«No vamos a cerrar el estrecho de Ormuz, pero es nuestro derecho inherente preservar la paz y seguridad en esta vía marítima», declaró Iravani en una rueda de prensa frente al Consejo de Seguridad de la ONU. Con esas palabras buscó matizar la orden emitida por la cúpula iraní y subrayar la prerrogativa de proteger lo que calificó como seguridad regional.
Iravani atribuyó la actual situación en el estrecho a la ofensiva de Estados Unidos, que según su relato busca «socavar la seguridad regional» de Irán. Sus comentarios presentaron la escalada como una respuesta directa a acciones externas y sirvieron para justificar la postura iraní ante la comunidad internacional.
Aunque el tráfico en el enclave estratégico ya estaba prácticamente paralizado, la orden del líder supremo de mantener el cierre intensifica la percepción de riesgo para el comercio marítimo. El estrecho por el que circula una parte significativa del petróleo mundial figura en el centro de disputas sobre libertad de navegación y seguridad.
Los bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán se mantienen por segunda semana consecutiva, y el líder supremo advirtió que podría continuar atacando bases estadounidenses en la región. Ese intercambio de amenazas incrementa la preocupación por una escalada mayor del conflicto.
Los mercados reaccionaron a la incertidumbre: el petróleo de Texas subió alrededor de un 9,72 %, situándose en 95,73 dólares el barril, reflejando el impacto inmediato que tienen las tensiones en los precios internacionales del crudo.
Fuente: contactonoticias.com.mx
