Investigaciones recientes revelan que la actividad física puede desempeñar un papel crucial en la prevención del alzhéimer, enfermedad actualmente sin cura. Un estudio publicado en Nature analizó a 296 participantes sanos y mostró que el ejercicio podría ralentizar el deterioro cognitivo al afectar la acumulación de proteínas cerebrales específicas.
Durante un seguimiento de hasta 14 años, se midió la actividad física de los participantes a través de podómetros y se analizaron proteínas como el amiloide y la tau, asociadas con el alzhéimer. Mientras que el nivel de amiloide no mostró correlación con la actividad física, se encontró que el ejercicio beneficiaba a aquellos con niveles elevados de tau, disminuyendo su concentración y, por ende, el deterioro cognitivo. Este efecto fue significativo, con la acumulación de tau mediando el 84% de la relación entre actividad física y deterioro cognitivo en sujetos con amiloide alto.
Los autores del estudio enfatizan que el ejercicio físico puede ser un factor modificable clave en la lucha contra el alzhéimer, subrayando que un estilo de vida activo podría reducir el riesgo de demencias en un 45% al eliminar ciertos factores de riesgo, incluida la inactividad física.
A pesar de sus hallazgos prometedores, el estudio plantea interrogantes sobre el tipo de actividad física más efectiva, sugiriendo que el entrenamiento de fuerza podría tener un impacto distinto en comparación con simplemente caminar. La investigación resalta la importancia de un enfoque integral en la prevención de enfermedades neurodegenerativas, que incluye la actividad física como un elemento vital para la salud cerebral.
