La destitución del presidente interino de Perú tiene repercusiones para la comunidad peruana y las relaciones comerciales y migratorias de la región, al aumentar la incertidumbre política en un país clave para la estabilidad regional. La decisión del Congreso afecta además el calendario institucional hasta la asunción del próximo mandatario electo.
El Legislativo aprobó la salida del presidente interino José Jerí con 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones, tras abrirse investigaciones por presuntas reuniones con empresarios contratistas y por irregularidades en contrataciones de funcionarias vinculadas a su entorno. Las indagaciones motivaron cargos que erosionaron su respaldo político.
Jerí ocupaba la Presidencia de la República en calidad de titular del Congreso, después de la destitución de la anterior mandataria, por lo que su censura como máxima autoridad parlamentaria implicó la pérdida automática del encargo presidencial. La medida se enmarca en la normativa que vincula ambos cargos.
El partido al que pertenece propuso suspender el debate para intentar tramitar la destitución como vacancia, un mecanismo que exige mayoría calificada, pero la propuesta no obtuvo el apoyo mayoritario del Parlamento. Ese intento buscaba cambiar el procedimiento ante la amenaza de perder la investidura.
Los bloques conservadores que controlan el Congreso, que inicialmente respaldaron la llegada de Jerí, le retiraron su confianza ante la disminución de su apoyo público y las revelaciones que provocaron la apertura de pesquisas por presunto tráfico de influencias. Ese repliegue político se produjo a pocas semanas de las elecciones generales.
El único apoyo mantenido en bloque fue el del fujimorismo, que se posicionó en contra de otro reemplazo ejecutivo, pese a haber promovido cambios presidenciales en el pasado. Ese apoyo aislado no alcanzó para sostener al presidente interino frente a la mayoría del Legislativo.
Jerí, que pudo haber intervenido en la sesión como congresista, optó por no asistir y permaneció en el Palacio de Gobierno, donde presidió un cambio de guardia. Su ausencia del hemiciclo fue notable durante la votación que decidió su remoción.
Su ascenso y caída fueron rápidos: llegó al Congreso en calidad de suplente de un expresidente inhabilitado y escaló hasta presidir comisiones y luego la Cámara, lo que le permitió asumir interinamente la jefatura del Estado. Ese recorrido abrió cuestionamientos sobre su experiencia y respaldo político.
Aunque centró parte de su gestión en la lucha contra el crimen organizado, su popularidad se deterioró tras revelarse reuniones semisecretas con empresarios, incluida una en la que habría participado una persona encapuchada para evitar ser identificada. Esas situaciones alimentaron las pesquisas fiscales en su contra.
El Parlamento deberá elegir a un nuevo presidente del Congreso, cuya designación implicará automáticamente asumir la Presidencia encargada hasta la toma de posesión del ganador de las elecciones generales, prevista para el cambio de mando institucional.
Fuente: contactonoticias.com.mx
