Las abejas, esenciales para la polinización y, por ende, para la supervivencia humana, han perdido aproximadamente un tercio de su territorio en Europa en el último siglo, según un estudio realizado por la Estación Biológica de Doñana. Este informe resalta la preocupación por el declive de estos polinizadores, que afecta no solo a la biodiversidad sino también a la producción agrícola y, en última instancia, a la seguridad alimentaria.
El estudio ha recopilado más de 4,3 millones de registros de abejas y un millón de sírfidos, insectos que también juegan un papel crucial en la polinización. A través de este análisis, se ha logrado mapear el 88% de las especies europeas, ilustrando sus movimientos y poblaciones a lo largo del último siglo. Mientras las abejas han visto una reducción del 33% en su área de distribución, los sírfidos han experimentado una expansión notable en las primeras décadas del siglo.
Entre las regiones más afectadas se encuentra Galicia, donde se evidencian drásticos cambios en la población de polinizadores. Este descenso ha sido atribuido mayormente a la pérdida de hábitat causada por la agricultura intensiva, aunque el cambio climático también tiene un impacto. Las abejas adaptadas al frío están desapareciendo más rápidamente que aquellas que toleran temperaturas más cálidas, a medida que los cambios ambientales constriñen sus rangos territoriales.
La disminución de estos insectos tiene implicaciones profundas para la economía y la alimentación global. De acuerdo con el informe de la plataforma IPBES, un 75% de los cultivos alimentarios y casi el 90% de las plantas silvestres dependen de la polinización animal. Así, la desaparición de abejas y sírfidos podría llevar a un aumento significativo en los precios de los alimentos.
Frente a esta crisis, expertos proponen soluciones basadas en el cuidado del paisaje agrario. Investigaciones indican que se requiere mantener entre un 6% a un 37% de hábitat natural en áreas agrícolas para sustentar diversas especies de polinizadores. Esto no implica abandonar la agricultura, sino reconfigurarla mediante la preservación de linderos, setos y vegetación autóctona entre los cultivos, lo que podría favorecer la biodiversidad y revertir el declive.
Las acciones proactivas son fundamentales para asegurar la viabilidad a largo plazo de los servicios ecosistémicos que estos polinizadores proporcionan.
