El proyecto del túnel Lyon-Turín, que busca facilitar el transporte ferroviario entre Francia e Italia atravesando los Alpes, enfrenta desafíos significativos. Con el objetivo de reemplazar el tráfico por carretera y aliviar cuellos de botella, este ambicioso proyecto se ha topado con complicaciones geológicas inesperadas. Hasta ahora, las tuneladoras han avanzado a un ritmo mucho más lento de lo previsto, alcanzando solo el 21% de los 115 kilómetros planificados.
El corazón del proyecto es el túnel de base del Mont Cenis, que consta de dos tubos de 57,5 kilómetros cada uno, diseñados para permitir el movimiento de trenes de mercancías más pesados y aumentar la capacidad ferroviaria. Sin embargo, los datos indican que, a pesar de más de una década de excavaciones, el avance ha sido mínimo, con notables dificultades en la geología local, que incluye zonas de esquisto que generan lodos y retrasan la excavación.
Adicionalmente, la perforación también impacta en las reservas de agua subterránea, generando preocupaciones ambientales. La empresa encargada, TELT, asegura que está monitoreando de cerca estos cambios, pero se enfrenta a litigios que cuestionan la viabilidad del proyecto en términos de sostenibilidad del recurso hídrico.
El costo del proyecto ha crecido considerablemente, estimándose actualmente en aproximadamente 11.828 millones de euros, muy por encima de la estimación inicial de 5.203 millones. Frente a los retrasos y sobrescostos, TELT mantiene que el túnel estará operativo a finales de 2033.
Más allá de los problemas técnicos y financieros, la finalización de este túnel no solo depende de su construcción, sino también de la integración con las infraestructuras de acceso en Francia e Italia, lo que añade otra capa de complejidad a este ambicioso proyecto europeo.
