El almacenamiento en cinta ha resurgido como una tecnología clave en la era de la inteligencia artificial, a pesar de las impresiones de que había quedado obsoleta. A medida que la demanda de almacenamiento se incrementa dramáticamente, especialmente con el auge de la IA, las empresas siguen confiando en esta tecnología, como lo demuestra el reciente aumento del 57% en la capacidad de envío de medios LTO en el primer trimestre de 2026 en comparación con el año anterior.
El programa LTO (Linear Tape-Open) reporta un crecimiento notable en la capacidad de almacenamiento, alcanzando un récord de 176,5 exabytes en 2024. Este avance es impulsado por la generación LTO-9, que ofrece 18 terabytes de capacidad nativa por cartucho, y la nueva LTO-10, que eleva esa cifra hasta 40 terabytes. Aunque es posible alcanzar cifras de hasta 100 terabytes, esto se refiere a la capacidad comprimida, no a la nativa.
Los centros de datos no están limitados a un solo tipo de almacenamiento; pueden combinar SSD, discos duros y cintas según la importancia y el acceso requerido a la información. Los SSD son ideales para aplicaciones que requieren acceso rápido, mientras que los discos duros son más económicos para almacenamiento de gran volumen. La cinta, por su parte, es utilizada principalmente para datos que requieren conservación a largo plazo con un acceso menos frecuente, aunque su recuperación puede ser más lenta.
El uso de cintas resulta económico a gran escala. Pueden almacenarse sin energía y permiten la creación de bibliotecas automatizadas que gestionan miles de cartuchos. Esto también contribuye a la ciberresiliencia, manteniendo copias desconectadas de sistemas que podrían ser vulnerables a ataques cibernéticos. Si bien el uso de cintas no es sencillo y requiere equipamiento especializado, es un componente esencial en la infraestructura de grandes volúmenes de almacenamiento.
La tecnología LTO no está destinada a consumidores individuales, sino que se utiliza en organizaciones que manejan grandes cantidades de datos, como centros de supercomputación, instituciones científicas y empresas audiovisuales. Por ejemplo, CERN y Fermilab emplean cintas para almacenar datos científicos, integrando esta solución en sistemas que combinan diferentes tipos de almacenamiento.
A medida que la IA evoluciona, su requerimiento de datos crece exponencialmente. Modelos como ChatGPT, Gemini y Claude utilizan grandes volúmenes de información para su entrenamiento, pero esto no significa que dependan de la cinta para su funcionamiento diario. La demanda de almacenamiento en cinta continúa creciendo, sin que esta tecnología enfrente las mismas presiones de escasez que afectan a otras formas de memoria, como la DRAM o NAND, lo que resalta su relevancia en el presente y futuro del almacenamiento digital.
