Por Ángel Rivera
En política, la coherencia no es opcional. Es la base de la credibilidad. Y hoy, en Guanajuato, la bancada de Morena enfrenta una contradicción que no pasa desapercibida: mientras a nivel local se cuestionan los conciertos y eventos públicos incluidas ferias, desde la Presidencia de la República se respaldan como parte de una política social y cultural.
Por un lado, diputados locales de Morena han insistido en criticar la realización de conciertos en ferias y eventos municipales, señalando presuntos excesos en el gasto, falta de prioridades o incluso calificándolos como distractores frente a los problemas del estado. El discurso es claro: austeridad y enfoque en lo urgente.
Pero en el plano nacional, la narrativa cambia.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido este tipo de eventos como herramientas legítimas de política pública: acceso a la cultura, convivencia social y dinamización económica. No es una postura aislada. El propio gobierno federal ha impulsado conciertos masivos en espacios públicos, llevando artistas de gran convocatoria al corazón del país.
Ahí están los casos recientes: presentaciones en el Zócalo de la Ciudad de México con espectáculos de alto impacto, como los de Grupo Firme o Shakira que han sido promovidos como eventos abiertos y accesibles para la ciudadanía.
La contradicción es evidente.
Lo que en Guanajuato critican como gasto innecesario, a nivel federal se promueve como política pública. Lo que aquí se señala como exceso, allá se presenta como inclusión cultural.
Dos discursos dentro del mismo partido. Dos visiones que no dialogan entre sí.
El problema no es si los conciertos deben realizarse o no. El problema es la inconsistencia.
Porque cuando un partido no logra alinear su narrativa entre lo local y lo nacional, lo que transmite no es pluralidad, es desorden. Y en este caso, también evidencia una crítica que parece más política que técnica.
Si los conciertos son negativos en Guanajuato, ¿por qué son positivos en el Zócalo?
Si representan un gasto cuestionable, ¿por qué a nivel federal se impulsan como eventos emblemáticos?
La crítica local de Morena pierde fuerza cuando se enfrenta a la realidad de su propio gobierno.
Y eso tiene consecuencias.
Porque en lugar de posicionarse como una oposición seria y propositiva, la bancada local cae en una lógica contradictoria que debilita su credibilidad. Se cuestiona sin construir, se señala sin matices y se ignora el contexto nacional del propio partido.
Morena tiene un reto urgente en Guanajuato: decidir si va a construir una postura propia, seria y consistente, o si seguirá adaptando su discurso según la coyuntura.
Porque cuando un partido critica en lo local lo que celebra en lo nacional, deja de ser una alternativa clara y se convierte en un mensaje confuso.
Y en política, la confusión rara vez juega a favor.
