La creación de una coalición militar anunciada en Miami por el presidente de Estados Unidos con varios mandatarios latinoamericanos plantea implicaciones directas para la seguridad regional y para la relación con México. El anuncio, realizado en un encuentro celebrado en un resort de la zona, concentró mandatarios afines y excluyó a países relevantes de la región.
El presidente estadounidense presentó la iniciativa como el “Escudo de las Américas”, un mecanismo que, según sus palabras, buscaría enfrentar a los cárteles con el uso de fuerza letal para “destruir” esas organizaciones. El planteamiento subrayó la disposición de Estados Unidos a actuar si se le facilita información sobre la localización de los grupos.
En la cumbre participaron los presidentes de Argentina, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá y Paraguay, así como la primera ministra de Trinidad y Tobago y el presidente electo de Chile. La lista de asistentes marcó la presencia de líderes identificados con la corriente ideológica del anfitrión.
En contraste, no fueron invitados los mandatarios de Brasil y México, ni el de Colombia, lo que fue señalado como un dato relevante por observadores de la región. El anfitrión criticó a México, al que definió como el “epicentro” de la violencia de los cárteles, y lamentó que no se le haya permitido actuar militarmente en territorio mexicano, pese a elogiar en términos personales a la presidenta mexicana.
El presidente estadounidense ha planteado en repetidas ocasiones la posibilidad de emplear acciones militares contra los cárteles en territorio extranjero, clasificación que él mismo ha asociado con etiquetas de grupos terroristas; México, por su parte, ha rechazado con firmeza cualquier operación que vulnere su soberanía. A pesar de la tensión retórica, ambos países mantienen canales de cooperación en seguridad, y las autoridades han señalado que esa colaboración ha incluido apoyo de inteligencia en operaciones contra líderes del crimen organizado.
Desde el Departamento de Estado se indicó que la alianza no constituye una puerta cerrada para México y que, en caso de interés, dicho país podría sumarse a la iniciativa. Ese pronunciamiento dejó abierta la posibilidad de ampliar la coalición en el futuro, según la versión oficial estadounidense.
El encuentro también abordó la situación en Cuba y las medidas adoptadas por Washington, incluida la imposición de aranceles vinculados al suministro de combustible a la isla, decisiones que han exacerbado la crisis económica y social cubana según diferentes análisis. El presidente expresó su expectativa de un cambio próximo en el régimen cubano y sostuvo que su administración, junto con su secretario de Estado, está implicada en las negociaciones con La Habana.
La supervisión del “Escudo de las Américas” quedó encomendado, según se anunció, a una funcionaria que recientemente dejó el cargo de secretaria de Seguridad Nacional. El proyecto fue presentado como parte de una estrategia de seguridad que busca reforzar la influencia de Estados Unidos en la región, en un tono que evocó la doctrina tradicional de Estados Unidos hacia América.
Entre las preocupaciones expresadas por el anfitrión figuró la creciente presencia de China en Latinoamérica, motivo por el cual criticó inversiones y proyectos con empresas de ese país. En la cumbre advirtió contra la influencia extranjera en la región y mencionó acciones dirigidas a desconectar vínculos con empresas de Hong Kong y sanciones relacionadas con proyectos tecnológicos vinculados a China.
En un intercambio con los asistentes, el presidente también realizó observaciones sobre el aspecto cultural y lingüístico, manifestando que no tiene voluntad ni tiempo para aprender español, comentario que provocó risas entre algunos presentes. El tono y el contenido del encuentro reflejaron una combinación de propuestas de seguridad, alineamientos ideológicos y tensiones diplomáticas en la región.
Fuente: contactonoticias.com.mx
