Una nueva investigación revela la alarmante expansión de las organizaciones criminales latinoamericanas en Europa, incluida la presencia de los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. Este fenómeno, que podría tener repercusiones serias, se destaca en un reportaje del diario británico The Guardian, que documenta un incremento de más de cinco veces en las incautaciones de cocaína en el continente europeo en la última década. Este contexto inquietante afecta de manera directa a las comunidades, ya que la llegada de redes criminales reduce la seguridad y aumenta el riesgo de violencia.
La investigación, llevada a cabo durante cuatro meses, muestra que las organizaciones criminales de México, Colombia, Brasil, Ecuador, Venezuela y Estados Unidos han logrado establecer conexiones con mafias locales, ampliando sus operaciones en al menos 12 países europeos, entre ellos España, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Francia. Desde 2014 hasta 2024, las incautaciones de cocaína han aumentado en un 471%. Al mismo tiempo, las autoridades han desmantelado laboratorios locales que procesan derivados de esta droga.
Daniel Brombacher, politólogo y director del Observatorio de Europa de la Global Initiative against Transnational Organized Crime (GI-TOC), destaca que este fenómeno está alcanzando territorios que previamente no tenían infraestructura criminal. Las operaciones recientes han descubierto laboratorios de metanfetamina bajo control de mexicanos en varias regiones de Europa, lo que señala una evolución preocupante en el crimen organizado.
El aumento de la producción de cocaína en América Latina es significativo: se ha multiplicado por cuatro en la última década, alcanzando cifras récord. La situación alarma a las autoridades, ya que la cocaína producida en Colombia en 2024 fue mayor que durante la época de Pablo Escobar, lo que indica que los problemas vinculados al tráfico de drogas son cada vez más globales.
Es esencial reconocer que esta situación no solo afecta a Europa, sino que tiene implicaciones directa en la seguridad y bienestar de las comunidades en México y el resto de América Latina. Las organizaciones criminales, aunque operen en un entorno diferente, pueden influir en la violencia y el tráfico en sus países de origen. Esto subraya la necesidad de una respuesta integral y cooperativa entre naciones para enfrentar un problema que, claramente, ha cruzado fronteras y continentes.
