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Turismo = narcomenudeo

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Por: Fusilador

Hay un común de popularidad que en las últimas semanas ha puesto a San Miguel de Allende en la mira de los medios nacionales. Luis Miguel se paseó por sus calles empedradas y le dio una popularidad orgánica al pueblo que pocas veces se había visto.

Luego, Lila Downs inauguró un nuevo foro cultural y nuevamente la ciudad se leyó en decenas de medios nacionales y locales como un destino de primer nivel al que no solamente lo visitan grandes estrellas, sino cada persona puede sentirse como estrella al recorrer sus calles coloniales.

Pero como no siempre todo es bondad mediática, la semana pasada ocurrió otro hecho que volvió a poner a San Miguel de Allende en el escaparate nacional, pero ésta vez en sentido negativo: cuatro taxistas fueron asesinados a balazos en un operativo coordinado; justo en la noche del miércoles pasado.

Los mataron dentro de sus taxis, con tiros a quemarropa y muy cerca de la glorieta El Pípila. Un quinto taxista se salvó pero fue herido de bala.

El asunto pudiera no ser tan grave si hubiera ocurrido en otra ciudad más acostumbrada a éste tipo de hecho delictivos. El problema es que San Miguel de Allende es una ciudad turística que incluso es presumida como el corazón de México en el mundo. Junto a Guanajuato capital, San Miguel es la ciudad más internacional del Estado.

La indignación por la muerte de los taxistas no fue solamente por los homicidios; si no también por las declaraciones de las autoridades al respecto de ese hecho.

El alcalde Ricardo Villarreal tomó la llamada de Joaquín López Dóriga un día después de los homicidios y entre sus declaraciones dijo tres ideas que me parece importante destacar: que aunque no lo tenía confirmado, todo apuntaba a un ajuste de cuentas por venta de narcóticos; que a pesar de ese hecho, San Miguel de Allende seguía siendo una ciudad tranquila y en espera de ser visitada; y que como ésta ciudad es un destino turístico exitoso, pues hay narcomenudeo.

Detallaré una por una. Primero, para el alcalde era importante dejar en el consiente colectivo de la gente que éste hecho fue entre bandidos; es decir, sin la intención de meterse con personas civiles, pero al hacer eso y sin ser autoridad en la materia, se adelantó al ministerio público y sugirió que los taxistas eran narcomenudistas, sin importarle que seguramente cada uno tenía una familia, un padre, una madre, hijos. La Procuraduría de Justicia de Guanajuato no había siquiera terminado de levantar declaraciones y pruebas, cuando el munícipio ya estaba declarando que todo apuntaba a un ajuste de cuentas por venta de droga. Es decir que su policía es tan eficiente que es mejor investigadora que preventiva.

Además, quién se va a sentir seguro sabiendo que cualquier miércoles en la noche se topa con una balacera –Ah, pero es entre narcomenudistas; yo soy civil, no pasa nada- ¿pensaría usted?

Segundo; como si siguiera punto por punto el manual de control de crisis, Villarreal insistió que San Miguel de Allende seguía siendo una ciudad segura por la que se podía caminar sin peligro. Esto hubiera acertado si el presidente municipal nos hubiera regalado las cifras de reportes por asalto en lo que va del año, o una comparativa con otros años.

Quizá si le preguntaran a los sanmiguelenes si consideran que San Miguel de Allende es una ciudad segura, la respuesta no coincidiría con la del alcalde. Claro que sería terrible que hacía afuera, San Miguel se viera como un municipio inseguro; el turismo (principal fuente económica) bajaría drásticamente. El problema es que decirlo bajo el contexto de cuatro asesinatos planeados, no suena nada creíble; menos sin cifras duras que lo apoyen. De por sí una cosa es la realidad y otra cosa es la percepción.

Tercero; asegurar que ya por el simple hecho de que como San Miguel de Allende es un centro turístico, es obvio que habrá narcomenudeo, es gravísimo.

Como si por hacer ese simple silogismo, quienes habitamos en ésta ciudad, mágicamente sintiéramos alivio. Es como decir que si atropellan a una persona, es porque hay muchos carros.

O sea, tendríamos que estar tranquilos pensando que el narcomenudeo es un resultado normal por lo exitosa que es la ciudad. Ésta, considero, es una estrategia para evitar que vayamos perdiendo la capacidad de asombro y de coraje; para que cada vez sintamos menos indignación por otro hecho delictivo; para que veamos normal una transacción de droga, una explosión-petardo, la muerte de otro niño en un fuego cruzado.

No. No debe ser la ecuación: turismo exitoso, igual a narcomenudeo; igual a asesinatos; igual a explosiones. Lo que debería estar a la estatura de una ciudad turísticamente exitosa son sus estrategias de seguridad, de prevención del delito, entre muchas otras. Además, declarar para contener y controlar crisis, no está peleado con la asertividad, la honestidad y el respeto por la ciudadanía.