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Tío Lucas, tío Max

IMG_1067Roberto López Arrieta

San Miguel de Allende.- Desde 1991 está vigente uno de los lugares más emblemáticos de ésta ciudad, que pasó de ser taquería a convertirse en un escenario que impulsó el Jazz y que a través de los años ha presentado a los mejores exponentes de ese género a nivel internacional. El responsable de eso es un adoptado de San Miguel, un trotamundos convertido en empresario que hoy se sabe feliz y amante de su trabajo: complacer a los comensales de Tío Lucas, su famoso restaurante.

Maximino Altamirano Contreras es uno de los ejemplos más tangibles de foráneos que se enamoraron de San Miguel de Allende y se quedaron para crecer y dar empleo. La ciudad no sería la misma sin la mezcla perfecta del desarrollo que provocan quienes viven en ella, hijos por nacimiento o por adopción.

“A toda madre”, dice Maximino cuando alguien le pregunta cómo está. Lo dice con energía honesta. Todo mundo lo llama “Max” y se ve que lo disfruta; a leguas se nota que prefiere la cordialidad al formalismo.

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“Iniciamos en diciembre de 1991, en éste mismo lugar (Mesones esquina con Hernández Macias), era una taquería con 6 mesas que me prestaron de la Corona y sillas metálicas sin mantel”, narró el entrevistado, quien a diferencia de otras taquerías, contrató desde el primer día a un chef reconocido, esa fue una de las estrategias que mantiene hasta el día de hoy.

“Era el chef Jesús Armenta que se especializaba en comida mexicana. Empezamos ofreciendo una carne gratinada par que la gente se hiciera sus propios tacos, teníamos tres salsas buenísimas y les regalábamos un pequeño tazón de barro con frijoles charros, era el gancho”.

Max contó que fue tal el éxito, que a los 4 meses tuvo que agrandar el lugar y pasarse al patio a poner más mesas. Luego tuvo un menú pequeño, donde había albóndigas y mole; después un bufet dominical con varios platillos de comida mexicana.

“Ese bufet fue un éxito porque al chef todo le quedaba buenísimo, él había sido chef de un gobernador de Guanajuato. Nos fue tan bien que a los dos años abandoné la idea de la taquería y me fui más por el concepto de restaurante; compré la licencia de alcohol y al mismo tiempo con música en vivo”.

La incursión de Jazz todos los días, fue uno de los detonantes definitivos del lugar y Max lo cuenta con emoción, detalles y nombres específicos.

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“Empecé con una cantante de color, originaria de Baltimore, Doris Rogers y eso me puso en el mapa local, aunque ya tenía un buen de extranjeros que venían a comer aquí porque les gustaba la comida mexicana”, contó Max.

Dijo que el restaurante inició solamente con comida mexicana “y quizá fue al tercer año cuando se fue el chef y llegó uno nuevo, Nicolás, que era muy muy bueno y empezó a meter comida gourmet y le dimos vuelta al menú con algo más internacional, pero falleció, estaba muy joven, tenía 30 y tantos, le dio una peritonitis y falleció en horas”.

Narró que el hermano de Nico, de nombre Max le entró al quite. “Al séptimo año del restaurante, tuve que crecer, llevé la cocina al piso de arriba y la habilité con todos los requerimientos. Max se fue cinco años después y hoy tengo a dos chefs, Benita y Manuela, una lírica y otra de escuela, pero ambas son muy buenas”.

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Jazz siempre

En la escena musical de San Miguel, Tío Lucas siempre ha salido triunfante. “Aquí tocó Francisco Mondragón, profesor de la Escuela Superior de Música, un genio, que además era maestro de Gil Gutiérrez, otro de los músicos que han estado aquí”, dijo Max Altamirano.

Continuó “Gil trajo a Rodrigo Castellanos, uno de los mejores bajistas de México, hoy vive en Nueva York; después llegó Bobbie Caplan, quien lleva más de 20 años trabajando en Tío Lucas. También estuvo aquí Ken Bassman, uno de los mejores guitarristas del jazz mundial y de los pocos que han recibido premios en el festival de Jazz de Montreal, el más famoso del mundo”.

Nombró también a Toño Losolla y Víctor Monterrubio, bajista y percusionista respectivamente, de los mejores músicos de México.

De charla muy natural y divertida, Max recordó que un día llegó un músico cubano, Gabriel Hernández, quien hoy sustituye al pianista de Buena Vista Social Club en sus giras mundiales.

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“Un día llegó el papá de Gabriel, quien en la Habana es conocido como Gabito, que llegó a tocar para Pérez Prado y le organizamos un festival de música cubana. Por esa razón, en Tío Lucas tenemos dos días de música cubana (jueves y domingo) y 5 días de jazz”.

Incluso dijo que en sus inicios, Lila Downs estuvo palomenando en el restaurante.

Trotamundos experto

Nacido en Acámbaro, Max dejó su casa a los 16 años. Quería viajar y no le gustó que su padre le insistiera en convertirse en militar como él. “Fui hippie matudo y de mota; viví en Oaxaca, en Zipolite (hoy una famosa playa nudista), nos la pasábamos bien hasta que llegaban las redadas de los marinos y a correr todos”.

Max habla fluidamente inglés, francés e italiano. Sus viajes lo ayudaron a hablar idiomas y acumular experiencia en ventas, donde inició su carrera laboral.

Llegó a tener un negocio de importación de perfumería fina y tenía algunos clientes en San Miguel, así fue como llegó a la ciudad por primera vez.

“Hace 30 años llegué a vivir a San Miguel, había dejado mi negocio, estaba recién divorciado y quería poner una taquería para sacar dinero”.

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Padre de tres hijos, Max comparte que hoy a sus 66 años es mega feliz “hoy dejé los malos hábitos y hago ejercicio, pero soy tan abusivo que hace un año me dio un infarto al miocardio, me fui por unos minutos. Yo soy agnóstico, pero sí hay un destino y el mío es que todavía no me toca irme, cómo no voy a ser feliz si estoy aquí”, comparte visiblemente emocionado.

Cuando su historia, Max no tiene empacho en soltar cuanto jijo se le atraviesa y lo hace tan natural que sus interlocutores incluso lo disfrutan. Mientras habla, sentado frente a la entrada de su restaurante, saluda a quienes entran o salen, siempre levanta la voz para llamar a sus amigos-comensales por un apodo “viejito, que te vaya bien”, es una de las formas de consentir a sus clientes.

“Hoy hay que hacer lo que te gusta hacer, donde quieras hacerlo y que estés con quien quiera estar. Amen; no te traiciones, por tonto o absurdo, defiende lo que piensas. Descubrir requiere lanzarse”, aconseja.

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Famosos por las redecoraciones anuales que hace a su negocio, Max dice que la competencia no es igual a cuando abrió el restaurante “ahora hay muchos, pero eso me gusta, porque la competencia nos hace ser mejores, yo debo ser de los restaurantes de toda la ciudad que hemos sobrevivido más de 20 años y todo es porque me gusta lo que hago, me apasiona, tengo un equipo de trabajo de primera y esas estrategias como la de redecorar cada año, me han funcionado de maravilla; el ego controlado es importante y ayuda, por eso yo aplaudo la competencia”.

Max termina su charla con un dato para presumir y pide que no sea publicado “tengo el orgullo que, solamente el restaurante Las Mañanitas y yo, somos los únicos de México que nos ha hecho un reportaje el New York Times y la versión en ingles de la revista The News, fue una plana completa y no supe ni cómo dieron conmigo, pero me encantó, pero eso no lo publiques”.

Hoy también está en ODN Noticias y por supuesto, no le hice caso.

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  • Ruben Nava

    Por medio de ODNoticias me permito saludar al joven mas fortachon de Acambaro y sus alrededores, desde Santa Ana California.