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Terrorismo sanmiguelense

Raul j.

Por: Fusilador

Hay algo muy extraño en la detención del supuesto terrorista chileno en la ciudad de San Miguel de Allende; se trata de  Raúl Escobar Poblete alias “Comandante Emilio”, quien fue identificado como  el hombre acusado de terrorismo en Chile y prófugo de 1996.  Detenido el pasado 1 de junio en ésta ciudad luego de participar en el secuestro de una mujer extranjera, en marzo de este 2017.

 Raúl se ostentaba con nacionalidad mexicana y bajo el nombre de Ramón Alberto Guerra Valencia. Lo detuvieron como secuaz de secuestro y resultó que era un terrorista buscado en más de 190 países por la interpol.

 Vivía tranquilamente en la colonia Los Arcos, en el norte de San Miguel de Allende; incluso sus vecinos lo reconocen como un hombre amable, de acento extraño que estaba vinculado a los bienes raíces y clases de yoga para extranjeros (actividades de donde supuestamente elegía a sus “clientes”).

 Escobar Poblete es acusado de la muerte del senador Jaime Guzmán, en 1991 y tenía notificación roja emitida por la secretaría general de interpol desde ese año.

 Pues resulta que fue capturado en San Miguel de Allende y las autoridades se pelean su detención. Primero, la Procuraduría de Justicia del Estado de Guanajuato en voz de su procurador Carlos Zamarripa presumió la captura de un capo del secuestro que estaría ligado a bandas que han operado en Querétaro, Guanajuato y San Luis Potosí.

 El problema es que éste fin de semana, la Procuraduría General de la República en Guanajuato, boletinó la detención del chileno a corresponsales nacionales como un logro de dicha dependencia. Y lo digo así porque la información sólo la recibieron los reporteros que cubren la fuente nacional en Guanajuato.

 Sin embargo, la PGJE aseguró que en la detención no participó la dependencia federal, que fue un logro de la inteligencia estatal.

 Pero lo cierto es que, en la detención del malvado terrorista chileno, quien encabezó el apresamiento fue, para queja de los mayores, la policía municipal de San Miguel de Allende. Esa tan criticada y tan vapuleada.

 Aunque, hay que decirlo, cuando lo detuvieron, por mera casualidad, a bordo de un taxi, no tenían ni idea que se trataba de un delincuente internacional, mucho menos de un terrorista.

 De que la policía municipal de San Miguel de Allende, lo detuvo, no hay duda. El problema es que, cuando se dieron cuenta de quién era, tanto la procu de Guanajuato como la instancia federal, se quisieron cargar el santito. Porque un terrorista internacional, que además era cómplice (o líder) de una banda de secuestradores en México, era por supuesto, capital político único.

Pero el verdadero problema y por lo que creo que esto se hizo viral, es porque el pasado viernes, una juez de control “liberó” a un presunto secuestrador que esperaba su audiencia de proceso. Es decir, que fue filtrada la noticia de que un o unos secuestradores detenidos por la PGJE, no fueron vinculados a proceso. Esto significa que el ministerio público de Guanajuato no le presentó al juez las pruebas contundentes para vincularlo a un proceso penal.

 Entonces, la estrategia fue virulear la nota nacional para que la opinión pública presione a los jueces de control y mantengan detenido al supuesto terrorista.

 La no vinculación a proceso no ha sido confirmada a pesar de las insistencias de medios de comunicación para conseguir la información. Hay de cierto dos factores: que hubo un acusado de secuestro detenido y que podría ser un terrorista chileno; y que el poder judicial, por ineficiencia de la PGJE, liberó a un acusado de secuestro. No hay que ser muy letrado para unir los puntos.

 Incluso a pesar de que ningún vocero (o vocera, en éste caso), haya confirmado o negado dicha premisa.

 Y aquí caben otros dos análisis: ni las autoridades están tan capacitadas como para detectar una feliz casualidad en una detención, ni San Miguel de Allende es el paraíso para los buenos y ricos, también es el catálogo para que los malos se aprovechen.

 O piénselo usted, amable lector: busca comprar una casa o tienes ganas de tomar clases de yoga y en ambos servicios, hay un delincuente dispuesto a escucharlo, aconsejarlo, analizarlo y evaluarlo como posible candidato a ser secuestrado. ¡Qué terrible!

Raul1