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Peleas de verdulería

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Por: Fusilador

La solicitud de licencia que pidió el comandante de la comunicación social del grupo parlamentario panista en el Congreso local tiene que ver, además de con el escándalo por su aparente avatar troleador, con una coyuntura política inmediata.

Seguramente el jueves que se despertó, Martín Diego no pensó que ese sería su último día como titular de la comunicación panista en el poder legislativo en Guanajuato.

Mucho menos que su salida estaría ligada a un twitt y lejísimos de que fuera por culpa de una asesora priísta que más bien se encarga de cargar la bolsa de su diputada.

Martín negó que él sea la cara detrás de la cuenta de twitter “Melecio Tiburón”, desde donde salió una inocente crítica negra en contra de Karla Fernández, quien labora para el grupo priísta en el Congreso y quien subió un comentario por demás mordaz (y poco atinado) sobre las protestas de padres de familia michoacanos.

El aparente error de Diego Rodríguez fue dejar su foto de Facebook en la copia de pantalla que hizo del comentario de Karla quien, siempre presta a la pelea, respondió el comentario de inmediato y culpó a Martín Diego de ser un troll.

Esa aparente tontería fue nota estatal. Martín no tuvo mucho de donde defenderse porque dicha cuenta se la pasa atacando a los enemigos de su jefe político, el líder de los diputados panistas, Éctor Jaime Ramírez Barba, con quien Martín Diego trabajó en la Secretaría de Desarrollo Social y a quien le agradece haber comandado el parto de sus descendientes.

Martín Diego solamente negó haber escrito twitt en contra de Karla, negó ser la cara detrás de la cuenta de Melecio Tiburón y dijo no explicarse cómo es que su foto apareció en la copia de pantalla.

No hay que tener mas que tres dedos de frente que su licencia obedeció a presiones de la fracción priísta (a quien el chisme le cayó del cielo), por nula apoyo de su propia fracción y, es bastante claro, por el terrible y hasta chabacano descuido que “aparentemente” tuvo al dejar su foto en la captura de pantalla.

Quienes conocen a Martín saben que fue un periodista cumplidor, buen redactor, buen entrevistador y en apariencia defensor del trabajo, la ética y los límites periodísticos; pero también de los que te abrazan con un cálido “hermanito, qué gusto verte”, pero te encajan el cuchillo en la espalda. Siempre fue así y entre el gremio no es lejano pensar que efectivamente sí sea el titiritero de dicha cuenta de twitter dedicada a trolear.

Incluso, para quienes lo conocen, tampoco resulta lejano pensar en el tremendo coraje que le ha de resultar haberse visto obligado a dejar su preciado trabajo por culpa de un personaje como Karla Fernández, quien tiene de asesora política lo que un periódico tiene de paraguas.

De entrada, ella dirige un medio de comunicación y al mismo tiempo recibe un sueldo de un partido político; nada que hable bien de su imparcialidad como periodista y mucho menos peleándose por twitter y a gritos en pleno Congreso como si fuera verdulería. Aunque sí, muy a su estilo.

El escándalo y la salida de Martín Diego opacaron el argüende que hizo Karla; desde su nada atinado comentario sobre las protestas de padres de familia, hasta su enfrentamiento verdulero con Martín.

Es decir, que el castigo por éste caso no debió limitarse a una persona, pero como en política mucho es coyuntural, una burrada fue salvada con otra burrada mucho más grande. Y lo peor, incluso festejada.