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El maestro nevero que se enamoró de San Miguel

IMG_1237Roberto López Arrieta

San Miguel de Allende.- Llegó a ésta ciudad en 1987 proveniente de Alemania; tres años después abrió un restaurante con otros tres socios que finalmente lo dejaron, pero él no quiso dejar México y siguió trabajando hasta convertirse en su propio patrón. Hoy, Paolo Bizzotto Geremia es un miembro respetado entre el gremio restaurantero; tanto que lo han elegido su representante en tres ocasiones.

Originario de Bassano del Grappa, en Italia, Paolo fue un trotamundos que lo mismo trabajó en Holanda que en Alemania. Se casó con una mexicana y se nota ha vivido pleno, cómodo y divertido. Suelta tantos “jijos” como ha aprendido y pareciera que él mismo se divierte al escucharlos.

“Abrimos el restaurante el 21 de enero de 1990, pero como el nombre era italiano y no estaba permitido ponerle un nombre extranjero, lo cambiamos a restaurante Italia. Como buenos italianos se fueron yendo uno por uno y le tuve que ayudar a mi mamá para que nos ayudara porque se nos había ido el chef. Después yo me fui a Querétaro y vendimos nuestra parte de restaurante. En Julio de 1993 yo regresé a San Miguel de Allende y ya casado con mi primer hijo, retomé el restaurante con mi esposa”.

Su restaurante hoy tiene una ubicación envidiable, justo frente al jardín principal y a la parroquia de San Miguel Arcángel. “Cuando llegué a México entendía el español, no lo hablaba tan bien, pero tiene afinidad con el italiano. Después conocí a mi esposa, conviví con los meseros, con los cocineros, entonces rápido los albures, todo eso. Pura mentada de madre, puro cotorreo”.

Compartió que su esposa es originaria de San Andrés Tuxtla, Veracruz, “pero la conocí en San Miguel, en unas vacaciones en 1988, en el famoso Pancho Leftis, un lugar de música en vivo que estaba en calle Mesones”.

IMG_1239Nevero viajero

Con un expresso en su mano, Paolo Bizzoto recordó que cuando estudiaba la especialidad obligatoria posterior a la preparatoria, en Italia, su padre lo castigó porque reprobó algunas materias. “Y de castigo me mandó a trabajar a Holanda, mira nomás que castigo”, se carcajea.

Llegó a Rotterdam en Holanda cuando tenía 17 años, “fue un castigo de puta madre. Me quedé dos años, yo creo que los mejores de mi juventud. Holanda es un país muy liberar, aunque era muy racista, pero si eras güero y de ojos claros, te abrían las puertas… y las piernas”, dice divertido.

Ahí aprendió la profesión de maestro nevero. Aunque luego, ya siendo mayor de edad, la armada de su país lo llamó para hacer el servicio militar “no era ni bolita blanca, ni bolita negra, te tocaba a huevo. Me hablaron de la armada y eran 18 meses forzosos. Entonces había una ley en Italia que si tu ibas a trabajar al extranjero podías hacerlo pero tenías que quedarte hasta tener 26 años, entonces me fui a Alemania”.

En ese país, Paolo aprendió la forma artesanal de preparar la nieve, “en Holanda la hacían más industrializada y en Alemania era artesanal, con ingredientes completamente naturales porque el gobierno así lo exigía. Allá, la nieve es un alimento muy consumido y una base de energía y proteínas, no como en México, que se consume como postre”.

Por esa razón, cuando estuvo en México no prefirió poner un negocio de nieve, sino que se cargó al negocio que sus padres tuvieron siempre. Hoy le da empleo a 18 personas y vive feliz “quedarme en San Miguel fue una decisión de vida y estoy feliz, tengo una hija que está estudiando ciencias políticas en la UNAM y mi hijo egresó en Italia como Chef, qué más puedo pedir”.

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Compartió que sí visita a su familia en Bassano, pero que no extraña Europa. “Yo vivo muy feliz aquí”.

Paolo es un ejemplo de extranjeros que han llegado a San Miguel de Allende no solamente para vivir, sino para trabajar y darle empleo a otros.

Explicó “en Europa la situación se ha vuelto difícil, no hay trabajo, no hay cambio de generación, están jodidos, sobre todo Italia que no es un país rico. Con el Euro le dieron a la economía familiar, hay crisis económica y la clase política ha robado. La diferencia es que en México hay todo, es un país rico y en Italia no es así”.

Sobre su dirigencia en la Asociación de Restauranteros de San Miguel, Paolo Bizzotto remembró que su primer periodo fue en la administración de Oscar Arroyo y el segundo con Luis Alberto Villarreal en la presidencia municipal. Luego, en el 2015, cuando Ana Valeria Clarens dejó la presidencia de la Asociación para buscar un cargo de elección, regresó como interino y más tarde nuevamente fue nombrado de manera oficial, “pero el próximo año ya lo voy a dejar, porque es necesario que haya una nueva dirección, alguien joven que le inyecte energía la asociación”.

La asociación agrupa a 60 miembros aunque hay poco más de 300 restaurantes en San Miguel, “muchas veces no se agremian por apatía o porque no saben los beneficios que puede atraer; en eso hay que trabajar. Es una organización muy importante y estamos retomando fuerza”.

Aún con acento italiano en su hablar, Paolo Bizzotto confiesa que San Miguel de Allende le ha dado mucho, no sólo un negocio, sino una familia y una vida tranquila y feliz.

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